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Barco hundido "Boreas" (22m - 32m)

Barco hundido "Boreas" (22m - 32m)

Barco hundido "Boreas" (22m - 32m)

En la falda suroeste de la Llosa de Palamós, sobre un pasillo de arena
situado a unos 31 m de profundidad, yacen los restos del Boreas. Fue un
remolcador de altura de la Marina alemana durante la Segunda Guerra
mundial, de 40 m de eslora, cuyo nombre original era PelIworm. Al acabar
el conflicto militar pasó a uso civil y fue en 1980 cuando, con bandera
de Panamá, se le puso el nombre actual: Boreas.

Rocas y posidonia

Después de varias vicisitudes y singladuras inciertas acabó siendo
inmovilizado por las autoridades por tráfico de estupefacientes y
permaneció amarrado en total estado de abandono durante tres años en el
puerto de Palamós. Los propietarios del centro de buceo Nautilus de
Palamós y los del centro de buceo del cámping La Coma se dieron cuenta
de lo que aquello podía significar para incentivar la práctica del buceo
deportivo en la zona, e iniciaron las gestiones necesarias para hundir
el casco del viejo remolcador en un lugar accesible para los
submarinistas que no constituyera un peligro para la navegación ni la
pesca.



Tras comprar el buque y pedir las autorizaciones pertinentes, se
procedió a la descontaminación (eliminación del aceite y del
combustible) y a la preparación del barco para su hundimiento: durante
meses se desguazó parcialmente la sala de máquinas, se eliminaron
mamparas y tuberías peligrosas para los futuros buceadores y,
finalmente, se cortaron los palos, cuya altura constituía un riesgo para
la navegación. El día 23 de enero de 1989 se hundió el buque en la zona
en que la Llosa de Palamós cae bruscamente hasta 20 m y donde empieza
la arena.

El casco del Boreas reposa escorado ligeramente por la banda de babor y
la hélice apunta directamente hacia mar abierto. La proa se sitúa a unos
26 m, la papa a unos 32 m y el puente del buque a unos 15 mPocos meses
después de su hundimiento, el pecio ya estaba recubierto de algas e
invertebrados; la sala de máquinas y muchos agujeros habían sida
colonizados por congrios y alrededor del casco pululaba gran cantidad de
peces, tales como castañuelas, sargos o lubinas. Hace tiempo que la
hélice del Boreas dejó de funcionar, pero ahora es posible contemplarla a
32 m de profundidad.

El Boreas yace sobre un lecho arenoso, rodeado por afloramientos de
rocas recubiertas de algas calcáreas. Donde el casco reposa sobre el
fondo se forman unas brechas, más amplias cuanto más a popa, en las que
suele haber rascacios y santiaguiños; últimamente es habitual la
presencia de algún bogavante de gran tamaño. Alrededor del casco hay
numerosos agujeros de desagüe, a menudo colonizados por congrios; no es
raro que casi todas estas cavidades estén ocupadas. En la barandilla de
la cubierta se observan formaciones de briozoos y de gusanos tubícolas.

Justo detrás del puente se abre la sala de máquinas, libre de cualquier
obstáculo (tubos, grifos) peligroso para los buceadores. Para explorarla
se hace imprescindible el uso de un foco o una linterna. Dentro de la
sala de máquinas (y en sus orificios) hay una fauna específica,
compuesta sobre todo por peces típicos de cuevas o zonas.

Con el tiempo, muchos congrios y morenas han ocupado todos los rincones del Boreas.

Saliendo de la sala de máquinas, y pegada al puente, está la chimenea
tumbada debido a los temporales de invierno; en sus orificios también
viven congrios o morenas.

El puente está despejado de cualquier obstáculo peligroso y es una gran
estancia que comunica con los pasillos de cubierta. Arriba hay una
especie de terraza, en cuya barandilla está el cabo que une el buque con
la boya de superficie. Esta plataforma es un buen punto de encuentro
con los compañeros, tanto para iniciar la inmersión como para preparar
el ascenso y la descompresión.

Los fondos que rodean al Boreas son interesantes, pues está en la
conocida Llosa de Palamós. Una posibilidad consiste en dirigirse
directamente a la Llosa, con rumbo noreste: en este caso, se pasa
primero por una llanura de rocas recubiertas de algas calcáreas y con
numerosas cavidades que vale la pena explorar. En esta zona abundan las
madréporas y los nudibranquios; también son comunes los rascacios y los
grandes lábridos. Paulatinamente, el perfil submarino va ascendiendo,
pero no conviene alejarse del punto de partida para evitar largas
descompresiones.

Otra posible ruta, reservada para buceadores con cierta experiencia
parte con rumbo sur desde la hélice; es decir, hacia mar abierto.
Siguiendo esta dirección se alcanzan pronto los 36 m, frente a una
pequeña elevación del fondo. En estas rocas, llenas de agujeros y
cavidades, abundan las langostas, los rascacios y el coral rojo.
Atención: debe controlarse bien el tiempo de inmersión y el camino de
regreso, pues pronto se entra en descompresión.

ITINERARIO

Hay que descender por el cabo que une La boya al buque para llegar al
puente, a unos 15 0 17 m. Aquí merece la pena echar una mirada a los
alrededores y contemplar los bancos de peces que suelen rodear el casco;
destacan las bogas, las castañuelas, los tres colas, los sargos y las
obladas, con frecuencia vigiladas de cerca por dos o tres lubinas de
considerable tamaño. Sin perder demasiado tiempo se baja hasta el lecho
arenoso donde reposa el buque y se inicia una vuelta alrededor del casco
para observar cualquier agujero con la linterna, pues a menudo hay
congrios.

Contemplar la mole de la popa desde el fondo es impresionante; la gran
hélice descansa encallada en la arena. justo en el límite entre esta
última y el casco, y generalmente por la parte de popa, suele haber
algún bogavante de buen tamaño; no obstante, la profundidad es de unos
33 m, así que es mejor no entretenerse e ir subiendo. Se asciende por
cualquier costado del buque para visitar seguidamente la cubierta y, a
continuación, la sala de máquinas.

Es frecuente observar grandes nudibranquios (Hypselodoris) en la
cubierta, así como formaciones de briozoos incrustados en Las
barandillas, además de todo tipo de peces por cualquier rincón del
barco, e incluso algún pulpo. Ya en la sala de máquinas, y con un buen
foco o linterna, vale la pena explorar todos los rincones, pues en esta
sala viven algunos congrios de gran tamaño.

Una vez dentro conviene ir con cuidado con las aletas, ya que hay
bastante sedimento, y si se agita apenas se tiene visibilidad. También
merece la pena estudiar los agujeros de la chimenea, que está tumbada,
en busca de algún congrio o morena. Finalmente hay que dirigirse al
puente para iniciar el ascenso, que a menudo irá acompañado de una
pequeña descompresión.

Para disfrutar del Boreas, conviene visitarlo en pequeños grupos controlando el tiempo y el consumo.

En los días de aguas claras merece la pena alejarse un poco del Boreas
y, desde cierta distancia, contemplar su inconfundible silueta recortada
en el inmenso azul.

Aunque el Boreas es un pecio al que se le han quitado todas las
estructuras que pudieran representar algún peligro para los buceadores,
hay que ir con cuidado con los latiguillos y otras partes del equipo que
se puedan enganchar.

Dado que las inmersiones siempre se realizan fuera de la curva de
seguridad, hay que controlar bien el tiempo para evitar largas
descompresiones. Si se planifica la visita para no entrar en
descompresión, difícilmente aparecerán problemas de consumo, pues el
recorrido durará poco más de media hora. Es preferible evitar los días y
horas de máxima afluencia, pues a menudo coincide aquí más de un centro
de buceo en el mismo momento, con la consecuente masificación.

Para alejarse del buque es necesario llevar compás e hilo guía, puesto
que es fácil desorientarse. Al tratarse de una zona transitada, por
hallarse cerca de un puerto, deben evitarse las salidas a superficie
lejos de la propia barca.

Mapa